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En España también se nota el tsunami de Tonga

Por redesa

18 de Enero, 2022

El 15 de enero las profundidades del océano Pacífico empezaron a rugir. El volcán submarino Hunga Tonga-Hunga Ha’apai entró en erupción. Las consecuencias del fenómeno natural no tardaron en hacerse sentir.

 Un tsunami de olas de hasta 1,2 metros golpeó las costas de Tonga, país donde se produjo el estallido. La alerta por oleaje se extendió al litoral de otras islas de Oceanía, además de Japón, Canadá, Estados Unidos y América del Sur. Precisamente, dos mujeres murieron ahogadas en Perú.

Sin embargo, los efectos no se limitaron al Pacífico. En España, a 18.000 kilómetros, también se notaron. La violenta erupción generó un tren de ondas de presión por el aire que se expandieron por toda la atmósfera.

Estas fueron registradas por estaciones meteorológicas de todo el planeta. Es más, días después se observan las variaciones provocadas por la segunda vuelta de las ondas al globo terráqueo.

Estas oscilaciones de presión en el aire se trasladan al agua y causan fluctuaciones bruscas en el nivel del mar. En territorio español, Baleares fue la comunidad autónoma más afectada. En Ciutadella, situada en la isla de Menorca, el mar Mediterráneo se elevó medio metro. En Mallorca, subió hasta los 30 centímetros en determinados puntos del sur de la isla. En la península ibérica, la costa levantina ha experimentado crecidas de hasta 20 centímetros.

Sin embargo, tampoco se trata de un fenómeno desconocido. No es la primera vez que el Mediterráneo experimenta subidas y bajadas repentinas. Es lo que se conoce bajo el nombre de meteotsunami o rissaga. Una serie de alteraciones producidas por factores atmosféricos.

 Su origen puede estar en los fuertes vientos en la troposfera o la irrupción de aire cálido en niveles bajos de la atmósfera y débil o moderado en la superficie. Más extraño es que su punto de partida sea una erupción volcánica. Otro de sus hipotéticos efectos sería una alteración climática.

Sin embargo, los expertos destacan que el volcán ha expulsado poco dióxido de azufre, por lo que un enfriamiento del planeta se intuye improbable. Sus efectos quedan a ras de superficie, donde los destrozos se acumulan, especialmente en Tonga.


redesa